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ARTÍCULO 2

He aprendido a escuchar cuando quieren expresar sus inquietudes…sus preocupaciones… pero siempre comunicándoles que hay un Equipo de Psicología en la Unidad. Ni tengo pautas para darles, ni soy psicóloga, pero lo que sí puedo hacer es prestarles mi atención.

Parte de mi labor como auxiliar de enfermería, requiere que les descubra el cuerpo para asearlos, pero muchos de ellos se desnudan el alma para hablar. Necesitan ser escuchados, desean contar lo que no han podido decir a sus allegados durante años. Poco a poco se puede observar como sus caras se van relajando, y en algún momento si te cruzas con ellos cuando están acompañados por sus familias, hasta te lanzan algún guiño de complicidad.

Una tarde de muchísimo trabajo, se habían sucedido cuatro bajas (exitus). Nosotros desalojamos los pasillos cuando hay que sacar la camilla con el cuerpo cubierto con una sábana, evitando así el desagrado que supone a la vista del resto de pacientes y familiares. Para esta labor me dirigí a uno de los internos que se encontraba en la puerta de su habitación, pero antes de que yo pudiera articular palabra alguna me dijo: no se preocupe, no me asusta… Sé que me iré en poco tiempo, que de los cinco que nos intervinieron de lo mismo, sólo quedo yo (estaba hablando de las personas con las que coincidió esos días, no con los fallecidos esa tarde).

Le pregunté si necesitaba algo, pues vi en su ojos muchísima soledad. Me dijo que sí, que si podía regalarle 5 o 10 minutos de mi tiempo. Los 5 o 10 minutos se convirtieron en una hora bastante larga. Me contó que había tenido una familia y que había sido feliz. Con los años su hijo se metió en un mundo poco deseable, el de las drogas, dando comienzo así a los problemas en la pareja. Se arrepentía de haberle hecho caso a su propia hermana, quien lo animaba a separarse asegurándole que ella lo recogería y así lo hizo. Pero cuando él enfermó, su hermana se cansó de él. No la culpaba, pues entendía que un enfermo necesitaba cuidados y ella no podía proporcionárselos. No le quedó más remedio que abandonar la casa para vivir en albergues y en el hospital durante un tiempo. Habló muchísimo, pero dejó claro que no era una queja, que no culpaba a nadie, simplemente había sido su vida. Le pregunté cómo se sentía y si necesitaba algo en lo que yo pudiera ayudarle. Me contestó: ¿te parece poco el tiempo que me has dedicado? Ha sido como un fármaco para el dolor de mi alma… del dolor del cuerpo ya se ocupan médicos y enfermeros.

Era la primera vez que había visto a este hombre pero bastó una hora para que se aliviase su pena. Dio las gracias por haberlo escuchados y por mi tiempo. Yo se las di a él por confiar en mi.

Cuando acabó mi turno de trabajo y posteriormente me incorporé de mis días libres, ya no estaba… se había ido y era un alma libre.

No me interesa la vida de nadie, pero deseo ser útil y si a ellos les beneficia hablar, yo estoy encantada de escucharlos; sin dar consejos, no es necesario… sólo escuchar y ver cómo se relajan sus caras de angustia. Muchas veces las familias no les permiten hablar de sus inquietudes, incluso de sus propios miedos, pues piensan que les hará daño… cuando realmente es todo lo contrario.

La experiencia me ha permitido descubrir que en esos momentos necesitan poner en orden las fichas del puzle de sus vidas, lo que luego les permite encontrar serenidad y descanso.

 

Carmen Rosa Rivero

Carmen Rosa Rivero

Carmen Rosa es Maestra de Reiki y Auxiliar de Enfermería, con una experiencia de 11 años en el Departamento de Cuidados Paliativos del Hospital Universitario Dr. Negrín.
Carmen Rosa Rivero

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